lunes, 20 de agosto de 2012

No entendí... pero sí me entiendo a mi


a las mujeres que saben de transiciones

"¿Cómo estás?" "Bien gracias, saliendo de la transición."

Ese día que mi amiga lo mencionó recordé a Przeworski... claro por su gran libro sobre la transición a la democracia. Casi me pongo roñosa pero me callé y mientras me comía el mejor helado de pistachio pensé que se oye sexy usar como descripción de nuestra actualidad emocional el marco teórico menos sexy de las lecciones de la ciencia política.

Pero recordando viejas palabras mías, me di cuenta que yo he usado muchas otras veces esta expresión "estar en transición" mmm algo así como en movimiento, en cambios, en migraciones, en cambios de piel, en volveres a empezar, en crisis. Estoy transitando... estoy pasando de un algo malo a otro mejor, o viceversa. Muchas de mis amigas, ora que lo recuerdo, están en transición. Están empezando nuevas etapas de sus vidas, románticas, laborales, domésticas, fiscales, internacionales, de todo tipo. Pero la transición no es sólo pasar de soltera a casada, es hasta algo más sicológico (obvio dentro de mi marco teórico filosófico de bazar) es más un asunto mental, emocional, pasional. Y seguramente debe salir de las mentes hurgadoras de los detalles, de las mentes reflexivas, de lo complejo, o esos elementos que tienen lógica entre sí pero que les toma un poco más entender cuál es ésa. De las mujeres que procuran darle sentido a todo... una mujer que se siente en transición puede estarlo sin que ni siquiera haya un cambio específico. Sin embargo, la transición es cuando uno trata de entender qué diablos sucedió, y de adaptarse -simplemente- a las consecuencias de nuestras decisiones. ¿Es eso evolución?

No existe el término creo.

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Uno puede vivir una transición, claramente, por ejemplo, de estudiante a desempleado a empleado. Cambian las condiciones y todo a nuestro alrededor. Uno puede mudarse de país, cargar cuál caracol con toda su casa a cuestas, pasar de hijo en casa a dueño de su hogar, de mexicana segura en su país a extranjero con permiso, de extranjero a residente, en todas se migra de una etapa a la otra. En todas las etapas de la vida se necesita de crisis de enojo de ansiedad. El enojo indica que nos falta algo, la ansiedad nos dice que hay algo en alerta. Entonces toda nuestra vida es una transición tras otra, hay picos de ansiedad y enojo... calma y alteraciones.

Si transitar es lo que nos queda, ¿cuándo termina la transición? Diría Przeworski que cuando se dan las primeras elecciones democráticas con perdedores y ganadores claros. La transición se termina cuando se llega a la estabilidad en la adaptación, cuando se está en paz con las consecuencias de tus decisiones, cuando sabes qué ganaste y qué perdiste y cuando estás satisfecho, cuando esperas lo que sigue sonriente.

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Ahora fantasearé.

Sí, sí, la transición: la nueva condición de la mujer independiente. La adaptación es lo que buscamos, y con ello, estar estables. ¿Cuán fácil es no obstante adaptarse? ¿Cuán falso es esto de la transición? Peor aún, ¿cuán falso es volver a empezar? Y si en realidad no vivimos transiciones, pero suma de presentes, y sólo nos hacemos viejos y complicados y ¿sólo estamos creciendo, madurando, volviéndonos adultos? Es duro sobrevivir con ánimo a las transiciones. Pero soy optimista, la edad nos ayuda a hacerlo con más dignidad si uno así lo quiere. 

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No lo sé. En realidad me hice bolas yo sola. No sé si como mi amiga yo estuve en transición. ¿Me evalúo? Estuve en crisis, buscando detener el movimiento de mi mente en lo seguro de los andamios del tiempo pasado, mis pies para allá, y mis manos y brazos queriendo caminar hacia el futuro. Estaba atrapada en lo seguro y en el futuro y por eso no veía que era tan fácil seguir el presente. Pero creo que ya terminó esta transición. Si transitar implica adaptarse, lo logré, me adapté sin dudas, y me siento tranquila, satisfecha, aliviada con mis decisiones, feliz de mis sacrificios, contenta de mis victorias. 

Estoy en el hoy y en el ahora, me tengo a mi misma, vuelvo a tener mis estándares, cada vez más presentes, trabajo por lo que me llena de pasión el corazón y camino segura. Ahora mejor que nunca sé que eso es el motor de lo que estoy construyendo para mi futuro y mi esencia. Las oportunidades no hay que dejarlas pasar, y cuando llega algo o alguien, hay que sacar lo mejor de ello. Uno sabe cuándo empieza otra etapa de transición, cuando la actual deja de hacer sentido, uno decide cuando virar a otro lado... siempre con humildad y honestidad. 

Lo anterior porque no es fácil verse miserable mientras transitas en el cambio, pero qué fabuloso es sentirse estable y seguro nuevamente. Es una nueva habilidad adquirida, cuando uno deja de adaptarse a los cambios se marchita internamente, porque se negó a sentir, y he ahí el retroceso. 

Es parte de lo mismo... de la educación emocional.