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domingo, 24 de enero de 2010

Punto y aparte

La tortura no acaba. Olvidar a alguien y sobre todo mantenerte sereno tras dejar a alguien que pudiste haber amado como demente no es cosa sencilla. No es pan comido. Cuando llegué aquí en agosto, tenía otro pasado. Cosa superada. Ahora mi pasado más cercano condiciona mis días. El diciembre de mis treinta años. Y cuando estoy bien pienso que hice bien. Recuerdo que estoy viva y que soy una persona afortunada, con un abanico de posibilidades, pero cuando no amanezco tan melodiosa pienso en él y en la inevitable pregunta ¿hice bien? Las preguntas más bien... ¿debió ser así? ¿me sigo prefiriendo a mi? ¿cómo sería si él estuviera conmigo? Pero nuestras reglas no coincidieron.

Pero estoy resfriada, tengo el cuerpo cortado, mocos, estornudos, ojos llorosos, dolor de cabeza. Tengo un cuerpo perdido en el mundo de la pasión más natural y salvaje, y listo para el lamento. Sentirme mal me pone mal y aumenta en mi la intranquilidad. Ahora que he adquirido más mesura, paciencia y un poquito de ecuanimidad emocional, he notado que si tranquilizo mi mente, leo, me pongo a pensar en otra cosa, el corazón se arrullara y dormirá nuevamente. Anoche a las 4 am caminando por Brooklyn deteniendo a un amigo ebrio, venía pensando en esa persona y en todos esos momentos tan lindos. Pura nostalgia. Pero nuestras reglas no coincidieron, ni modo, era todo o nada, nunca un punto medio. Y yo soy eso,  un punto medio aristotélico. Claro, el punto de la duda. Y sigo teniendo miedo, un miedo que va más allá de él, que va más allá de mi antigua pareja, un miedo personal y que ya he compartido con ustedes, ¿volveré a animarme? ¿volveré a querer amar? ¿perdí mi oportunidad, gracias por participar? Eso me atormenta. ¿Me volveré Lucía Méndez y tendré un corazón de piedra?

Porque me queda claro que diciembre fue el mes en el que decidí que no sabía si quería amar a otro más. Entonces no es un pasado cercano y esas cosas, es simplemente mis mismas preguntas del 2009, y no es pan comido pero ni modo, a agarrar piedras. Sigue siendo lo mismo sobre mi misma.