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miércoles, 30 de diciembre de 2009

Lady Stardust

                     i smile sadly for a love i could not obey…                                                                                   

Un día que estaba en 1ere (2do año de prepa), un chico de mi salón, que claro a mi tierna corta taradita edad me parecía “lo más guapo del mundo” se tomó la libertad de opinar lo siguiente en pleno gimnasio del Liceo Franco Mexicano: 'Yvette, no te preocupes, tienes 16 años y te noto insegura, pero en un año te vas a poner mucho más linda'. Suena menos peor ahora que hace 14 años pero me dolió mi pueril ego. Y resulta que el muy igualado de Marc tenía razón porque a mis 17 años no sólo embellecí y me puse bien “linda” pero fue un notorio cambio en mi actitud, me volví más segura. Y así empezaron mis 18.

Qué chistoso es tener dieciocho. En la mayoría del mundo, ya eres mayor de edad. Gran error. Dicha convención social, muy celebrada entre la juventud claramente, genera falsas expectativas que nunca se cumplirán porque a esa edad aún eres inmaduro, joven y un chamaco pues. En fin, eso no lo sabemos en ese momento y uno se cree bien grande, tan grande que a veces a esas edad te gusta aplastar a los demás. Te gusta mirar a otros desde lo alto de tu inexperto y ya gran ego.

Cuando entré al CIDE realmente era inocente en muchos sentidos pero también era una engreída. Me creí eso que decía mi profesora de latín, que tenia "une étoile de plus que les autres". Fui inocente. Yo venía de un mundo distinto, y mi primer error fue no saber qué tipo de escuela era ésa, y aventármela así nomás. Tenía cara de saber, había leído mucho, soportaba cargas de trabajo pesadas, ganas de entender (era ñoña),  pero era débil emocionalmente. Bonito perfil para entrar a una escuela tan pretenciosa para hacer tambalear cualquier alma insegura. Ahí  empezaron mis 20… una maraña de pasiones revolucionarias confundidas, una niña encabronada que se sabía inteligente y gente aún más y absolutamente payasa. Me la pasé bien, pero uno no se da cuenta de las cosas que acumula hasta que las empieza a sacar de mala manera. Por eso durante los años dedicados a mi enorme tesis, de los 23 a los 25, fui infeliz. Sí, luego gané un premio. Como me lo habían prometido en 1998: pertenecía a una élite intelectual… Y mucha neurosis y soledad.

Fue a los 26 que empecé apenas a transformarme en verdad.

Qué consten que nadie me avisó que la inseguridad y miedos que tuve casi toda la década de los 20 iban a desaparecer a finales de estos años. Nadie me avisó que caminaría tan feliz por cualquier calle con el viento en la cara y sonreiría. Nadie me había dicho que no tenía que tener a un guey conmigo para sentirme feliz y contenta conmigo misma, sola. Inteligente, siempre di señales de ser. Pero no era suficiente. No estaba completa. Ahora sí.

He hablado de ésto con mis amigas de aquélla época y creo que ni nosotras mismas hubiéramos apostado por nuestra fortaleza interna, nuestra sensibilidad y nuestras inteligencia y capacidad. Y la lucha de este último año me ha hecho volver a preguntarme: ¿qué tipo de mujer fui, soy y quiero ser? No me conformo con lo que fui, pero no lo he olvido, lo llevo muy cerca de mí, lo sigo cargando, al contrario. Pero ahí voy, citando a alguien cuyo nombre no diré, sigo una oleada. O a esa banda eléctrica que me lleva. 

El roce con otras mujeres y otras experiencias de vida me hacen pensar. Leer cosas sobre las mujeres, movimientos sociales de feministas que respeto muy poco, y trabajar de cerca con organizaciones que hacen las cosas de forma distinta para preparar a niñas a enfrentarse a este mundo, entre otras cosas, me han hecho volver a pensar lo mismo. ¿Quién demonios quiero ser?

Y creo que hallé la respuesta. Fue muy fácil. No sé adónde llegaré, pero tendría que ser a partir de lo que soy hoy. Y empecé a divagar... Y puse una de mis canciones favoritas. 

Lady Stardust de David Bowie me gusta porque es la única canción de amor de ese disco. Un amor y fascinación por un ser ordinario, común y corriente, por el cual la gente no voltea la cabeza. Un ser tan único, tan híbrido, tan lleno de gracia casi animal, tan indefinido y también tan bello y hermoso. Nadie lo mira hasta que se sube al escenario y canta, todo maquillado, escondiendo quién es, quizás incomprendido, joven e inseguro y se transforma en algo absolutamente glorioso, casi divino. Me parece que es una canción triste pero que profesa un gran amor... porque, ¿quién hubiera apostado por él?

¿Quién hubiera apostado por mí? Muchos sabiendo de mi capacidad. Pocos conociendo mis miedos. Yo no al menos. Y ahora pienso distinto, una mujer que apuesta por ella misma.

Y quiero ser eso, la mujer que apostó por ella, que se escuchó a si misma y que se sigue únicamente a ella. Y eso implica estar en paz conmigo y con todos los demás, implica de mi parte un ejercicio constante. En mi caso, debo aprender a vivir a lidiar con la gente sin salirme de mi pero tampoco dejando de ser quien soy. Y sin traer ese maquillaje que trae Lady Stardust. ¿Y qué me falta? Mucho, evidentemente. 

Por ejemplo, hace unas semanas un hombre que me gusta y que quiero, me alteró. Me hizo llorar, rabiar y entristecer. Era la primera vez que me sucedía desde que empezó mi etapa de soltera hace ya casi 9 meses. La primera vez tras ser tan feliz conmigo misma. Y claro, después de secar mis lágrimas y echarme un americano con leche sentada frente a Washington Square que me supo a whisky, recordé por qué me gusta estar sola. Estaba muy digna y en mi máximo grado de amor propio, claro, hay límites pensé. El límite es simplemente no querer sufrir esto. I smiled sadly for a love i could not obey. El amor me altera, me dije, y por eso, se acabó el amor.

Pero me gusta el amor, gran paradoja, y volver a sentir amor es uno de mis retos actuales, no me importa sonar cursi. El amor me altera por definición, saca esas pasiones, la turbulencia, el dolor, los wild wild horses y las lágrimas, y si es a larga distancia, peor... pero ¿y qué mejor reto para alguien que se ha transformado y se siente la muy-muy como yo? ¿Qué mejor el amor para alguien que apuesta por si mismo? No sé, supongo que lo será. 

Aún me siento pequeña en ese aspecto. Es una oleada difícil para mí. Pero es un aspecto básico para todos. Las relaciones son la arena social más importante para los individuos. De eso depende todo... al menos para mí. 

Me falta pero quiero ser así, alguien que se sube al escenario y con la luz o sin luz en la cara se atreve a lo que sea, porque nos hemos transformado. Tambaleando o no, alguien que se apuesta por si mismo en cada tipo de reto que le tiene preparada esta sicótica vida sin importarle el resto. Miedos, son mis únicos fantasmas, quizás no debo perderlos, sólo vivir con ellos...

Venga 2010! Vengan las crisis de los 30! Venga esa locura que todos necesitamos. 

martes, 27 de octubre de 2009

The boy from back then

para un amor que acabó hace tiempo

Qué rico es disfrutar la vida. Me acabó de comer un mini chocolate negro relleno de algo de frambuesa y cerré los ojos al final. Es bueno para la salud ser feliz, me doy cuenta. Es bueno estar de buenas a pesar de tener exámenes, tener frío en una sala de estudio y es bueno para la mente perder el tiempo con amigos: ser feliz genera una energía particular, y lecturas no escolares, fantasías sexuales en la mente, mails largos para mis favoritas, todo eso me da bienestar. Me gusta estar escuchando música mientras pretendo estudiar. Acabó de escuchar una de los hermosos King of Convenience: The girl from back then. Me encanta su título, dice mucho.

Las despedidas pueden llegar a ser verdaderamente felices.

Anoche hablé con mi ex pareja después de muchos meses, claro por un medio electrónico. No importó porque el punto fue que hablamos y yo me sentí mi misma, la persona que soy ahora con total seguridad y franqueza. Y lo sentí siendo él. No éramos las personas que mutuamente somos descritas por otras personas cuando escuchamos de nosotros por otros. Éramos las esencias de nosotros mismos platicando. No sé si explico bien. Todo salió bien para mi.

Qué chistoso es hablar con alguien que a pesar de me conoce mejor que la mayoría de la gente, ya no tengo cerca. Es cierto que he evolucionado en estos meses que no hemos tenido contacto, pero no importa, estoy segura que él sabría captarme de inmediato. Hace varias semanas, reconozco, pensé que podía ser triste ya no tener a una persona así en quién finalmente confiaste todo, por quien sentiste el amor más grande, el objeto de tu deseo, de tu ternura, de tu todo. Alguien que a su vez te dio mucho, te amó tanto, te brindó paciencia, felicidad, seguridad, cariño, muchísimas palabras de apoyo, de cuestionamiento y que juntos tuvieron aventuras para reir, compartieron un mundo que ahora recuerdo con una casta sonrisa.

Y sin embargo me gusta que cada quien haya tomado su vida y que no estemos cerca. Es la realidad de las parejas, eventualmente estaremos cerca pero esta nueva aventura implica ventanas de oportunidad mucho más grandes que la nostalgia. La nostalgia no tiene espacio ahora, así como gracias a mi, no hay tampoco rencor ni dolor. Y es increíble cómo de verdad el tiempo cura todo. Pero no sólo es el tiempo, creo que uno debe tener también la voluntad, objetividad y grandeza de querer recordar sólo los buenos recuerdos y ser justo con la otra persona. Es lo que yo creo haber hecho y que me hace feliz.

Anoche mencionó que extrañaba mi buen humor, claro, después de reirnos por unas pendejadas. Y me detuve por unos segundos. No, yo no extraño nada, pensé, pero eso tampoco me angustia. Eso no quita que cuando me acuerdo, lo hago con cariño. Y coincidí nuevamente con una amiga, le pasó lo mismo este fin de semana. Y la mejor sensación es la que sentimos nosotras, estamos satisfechas de haberlo logrado, sin sentideces, reitero, y contentas con nosotras mismas. Una travesía terminada. A veces fue difícil y hubieron adjetivos calificativos no tan agradables, y otras fue más sencillo. 

Un día leí un post de Alejandro sobre las despedidas. Decía que podían ser muy tristes pero que así tenían que ser. No lo creo. Debemos entender que las despedidas son también el inicio de otras cosas. Y son el redescubrimiento de quién es uno mismo. 

Y me voy cantando “oh ohh what is there to know? all this is what it is, you and me alone, sheer simplicity”. 

domingo, 27 de septiembre de 2009

En el DF, en NY: il pleut doucement sur la ville

Según mi corazón, no hay nada más increíble en este mundo que el amor y la naturaleza ambos bellos y crueles. 
El amor, o al menos los sentimientos que nacen y que se consolidan (como lo quieran medio definir) son maravillosos. Como los que se tuvieron Paul Verlaine y Arthur Rimbaud, como el amor que me tienen mis papás, como el que siento por las personas que amo y no sé, hay tantos ejemplos y no tengo inspiración esta noche. Estoy conmovida y sensible. Y por eso creo que el amor es también el curita del alma cuando traes una herida y que para colmo fue la naturaleza la causante. Nadie me enseñó a rezar y por eso querida amiga mía, te mando de las cosas que mejor sé hacer y que mejor me has trasmitido: siento contigo y te envío todo mi amor en estas palabras. Sólo tengo amor para ti.